EL CUERPO HA VUELTO A SER CUERPO

por Renée de Pedro



Estar perdida en este bosque, 

bajo hiedra; 

llenarme de musgo ingles y axilas, 

y que de lisis 
nutra al abies religiosa.




Ver la luz caer entre cada hoja del tlacocote, 

vistiéndome de sombras la piel 
desnuda-empalecida.




Que camine sobre mí el canto del azulejo,

el ruido de los coleopteros, 

vestirme del zumbido díptero 

que arropa la ausencia del palpitar.




Cuando cese el aliento, 

enraizar junto al encino y al roble, 

adoptar su aroma, mojada en  brea.




En la quietud encantadora que me impones, 

acariciaré al viento 

con el que inmóvil vive bajo la piel de hojarasca.




Quiero, 
ser parte tuya, 
que me lleves contigo, 
en ti, 

que me quede muda en una interminable exposición de 
milagros; 

hacerme en ti, 
lo que no pude hacer conmigo.





             Perderme en ti, para no volver a lo que he sido ahora.




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